lunes, 12 de enero de 2009

Historias de Condal City (I)

En Condal City el viento es capaz de todo. He visto en una esquina como levantaba a un pequeño perro unos veinte centímetros del suelo y a su dueño tirar de la correa para que no se lo llevara calle abajo.
Las hojas se enloquecen y pierden el sentido de orientación y giran y giran en torno a un centro que ellas imaginan como propio sin darse cuenta que es el viento quien decide su viaje.
Algunas más audaces intentan romper con la tiranía del viento y se amuchan en la base de algún árbol, vacío ya de hojas, añorando quizás esos tiempos de resplandor.
Otras intentan refugiarse en los últimos escalones del metro y disfrutan del calor que emana de las entrañas de la tierra.
En Condal City el viento no sopla, ruge como un tigre. Se agazapa detrás de la puerta y ataca por la espalda volando sombreros y transformando en chinos a los señores de bigotes.
Los días de viento en Condal City, a las señoras se les afloja el peinado que, con tanto amor y paciencia, modelaron durante horas frente al espejo del baño mientras escuchan a la Montse dar los datos del tiempo por la TV y a la Flores entonar sus cancionetas por la radio.
Quizás sea por esto mismo que no escucharon que hoy habrá un viento que te cagas.

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