miércoles, 12 de diciembre de 2007

Sin titulo

La tormenta entra en mi

Solo tus ojos pueden salvarme,
solo tus ojos pueden undirme.

Tus manos me rescatan.

Solo tu boca puede chuparme,
solo tu boca puede escupirme.

Poesia simple - Composicion primera

Solb La Reb MiReb
Solb La Reb SibReb
Solb La Reb LaSolb

Mi Sol Dob LaDob
Mi Sol Dob MiDob

Solb La Reb MiReb
Solb La Reb SibReb
Solb La Reb MiReb
Solb La Reb LaSolb

Re Re Re ReLa
Solb Solb Solb SolbLa
Mi Mi Mi SolSolb

Solb La Reb MiReb
Solb.

4 de 4

crik-crik-crik-crik. Los grillos cortan el silencio de la noche.
plap-plap-plap-plap. Pequeñas gotas de agua se arrojan al vacío desde la terraza.
A ciertas horas me pregunto si aún estás ahi
Nunca obtengo la respuesta.

Plan B

Las cosas nunca suceden como se planean o piensan. Entonces la pregunta es para qué planear o pensar las cosas. Reunión. Pienso, me van a presentar a X y le voy a decir plan-plin-plam. Reunión. Sucede que no me presentan a X y no le puedo decir plan-plin-plam porque no me animo a acercarme solo. Siempre es igual. Nunca sucede como lo planifico y nunca tengo pensado un plan b, porque confío ciegamente en el plan a.
Ahora mismo, estoy esperando a Y para decirle pum-pum-pin y cuando llegue y me mire y me diga simplemente hola y sienta la fría distancia que creció entre nosotros, no podré decir nada y no tengo plan b. O si, mi plan b es quedarme callado y hacer como si no ocurriera nada, seguir pensando que nos queremos como el primer día y esperar que el aburrimiento nos absorba y la lejanía, espiritual por el momento, se transforme lenta e imperceptiblemente, en vacío físico. Y luego en adiós.
Plan b. Le digo pum-pum-pin y me responde pin-pin-pan. Entonces nos evitamos el dolor de vivir ese momento de transmutación y aceptamos el final o me dice paf-paf-pun y volvemos a apostar a aquel recuerdo del primer beso en el sofá o al primer roce de dedos en la mesa del bar.
Escucho el ruido que sus tacos hacen al golpear los baldosones de la vereda. Ahí viene con su sonrisa. Llega. Hola, ¿cómo estas?

domingo, 8 de abril de 2007

Un yoruba en BCN

Cerrar los ojos y abrirlos. Eso fue todo lo que hice y el espaciotiempo era otro. El cuboluz que yo había fabricado con los restos de papelhoja ya no colgaba del techo de la pieza donde dormía, que por cierto era otro techo. Otra pieza. En su lugar una semiesferamimbre albergaba una pequeña bolita incandescente. Estaba acostado boca arriba como cuando había cerrado los ojos. Estaba en mi cama, o eso creía. Estire los brazos y no hubo colchón que los recibiera. En ese momento me di cuenta que mis pies también estaban en voladizo. Con miedo incline la cabeza un poco hacia arriba y escudriñe la habitación. No la reconocía. Apenas media dos por tres metros de largo. Mi nueva cama era un pequeño catre, que se quejo cuando me moví, con un fino colchón de gomaespuma apelmasado que apenas separaba mis huesos del entramado esqueleto metálico del elástico. Me pare agitado, como cuando pasamos cerca de un perro que nos ladra con todas sus ganas mientras su amodueño nos dice “no hace nada, es buenito“, y mire detenidamente mi nuevo espaciotiempo. Dos por tres, pensé. Un mueble de estilo que hacia las veces de armario y un caracolpapel era todo el mobiliario de la habitación. La única puerta de salidaentrada estaba cerrada y no me animaba a abrirla. Respire profundo y me levante, conte hasta tres y volvi a respirar, estire los brazos, torcí la cabeza para un lado, para el otro, tome coraje y lo hice. Muy despacio y suave fui girando el picaporte de bronce y muy lentamente fui despegando la hojamadera del marco. Por la pequeña linealuz que se había generado por dicho acto pude ver el volumen contiguo. Parecía una salacomedor. Mesa, sillas, sillón. No había rastros humanos. Con cautela abrí toda la puerta y deslice mi carnecuerpo dentro de ese nuevo lugar. Todo estaba muy pulcro y ordenado, desde los objetomuebles hasta los objetodecorativos. En las paredes colgaban papeletras en un idioma que no podía entender. No había vidrioventanas y sin embargo la luz era total. La única abertura, además de la puerta por la que había salido, era un rectángulo negro en la paredesquina opuesta a la por la que había entrado. Me acerque y la oscuridad era absoluta. Con más nervios que calma, metí el brazo derecho para comprobar con el tactomano que no haya nada peligroso. Cada minutoespacio que pasaba me encontraba más internado en la oscuridad negra del volumen. De pronto fue sólo oscuridad. Me toque con la punta de las yemadedos los ojosagua para verificar que los tenía abiertos. Una vez terminada la verificación, se encendió hacia el frente, o lo que creía era el frente, una pequeña luminiscencia a una altura del horizontepiso bastante cómoda. Me acerque con cuidado, tanteando con las manos hacia adelante. Más cerca pude ver que la luz provenía del hueco de una cerradurallave de otra hojamadera que separaba ese espacio de otro. Me agache para espiar por el ojocerradura y vi muchas caderacuerpos y biciruedas y chapautos que se desplazaban de un borde al otro. Busque con el tactomano algo que me permita pasar a través del marco y ver con menos detalle el otro lado. Se abrió de golpe con un sólo empujón de mis dedos. Ya del otro lado pude ver miles de humanosgente muy extraños. Hablaban un idioma raro, desconocido, todos juntos, gritando y supraponiendose. Un grupo de pequeños seres amarillos, con sus mini cámaras, miraban y dirigían su lentecristal hacia el mismo lugar, todos en forma simultanea, y tomaban espaciofotos de cada cosa que los rodeaba. Por el extremo opuesto de la calle, otro grupo, pero de seres blancoleche, venían a toda marcha hacia el mismo lugar donde se encontraban los amarillos. Parecía que los iban a desalojar por la fuerza, pero un nanosegundo antes los amarillos se fueron hacia otro sector del espaciocalle. Entonces fueron los blencoleche los que se pusieron a tomar espaciofotos de todo. Intrigado me acerque a ese espaciolugar sagrado y vi con estupefacción una construcción que se asemejaba a la imagenpapel de una catedral que tenía clavada en la pared de mi viejo dormicuarto. La parte inferior era antigua, con mucha voluta, muy cargada de representaciones humanas y de la naturaleza. La parte media eran grandes bloques de griscemento liso, con mucho ángulo puntiagudo. La parte superior era un entramado de hierros y cables y poleas y negroperarios colgados tratando de armar un rompenaturaleza con bolas naranjas, verdes y azules. Esa imagen parecía un holograma como los que estaba acostumbrado a ver en las clases de historiagrafía de la bibliomapas. Rodeada de edifioscristal, se reflejaba en ellos creando una ilusión de laberintóptico que desconcertaba tanto a los amarillos como a los blancoleche como a mi. Atosigado de tanta imagen hologramática busque en mi bolsillo de la telapierna algo que me pudiese ayudar a comprender. Encontré solo una papelnota: Cierre los ojos, ábralos y todo cambiará. Antídoto: tome la grageapasta roja. Decía. Pero la grageapasta no estaba en ningún lugar de mi carnecuerpo. Entre tanta desesperación comprendí y acepte que este sería mi nuevo mundovida. Entre en el volumencanje de la esquina y cambie mi agujamuñeca por una mini cámara. Yo también quería mi espaciofoto de la catedral.

21/9/06

Vuelo 323

Veinticuatro horas. Veinticuatro horas separan el pasado del futuro. Veinticuatro horas sin lugar ni tiempo. Veinticuatro horas a treinta mil metros en algún lugar del cielo. Cierro los ojos y veo las caras de las voces que se mezclan y confunden cerca y lejos de mi. Cierro los ojos y veo los tacos de las azafatas que van para acá y vienen para allá. Son tan españolas que no puedo olvidar hacia donde voy. El pelo tirante, atado con un lazo de seda roja, borra el paso del tiempo, elimina arrugas. Los ojos levemente razgados y los pómulos superiores un poco hinchados. Siempre con su sonrisa de yeso moldeado en la cara.
40D. Boulevard central, pasillo. Buena ubicación, sin niños molestos. 37F se acaba de dar la cabeza con un monitor que cuelga sobre su butaca y nunca proyectará nada. 42A no para de hablarle a 42C que ya no lo soporta y recién comienza la transportación. Y yo tampoco. 40G tiene un cagazo padre. Y yo también. Por las calles laterales las azafatas transportan el café en bandejas diminutas de plástico rojo. Todo es rojo y amarillo en este volumen. Pozo de aire. Turbulencia. Mi cagazo aumenta y el de 40G también. La azafata sigue con la sonrisa estampada pero una gota de transpiración que le baja acariciando su mejilla le delata el miedo. Las azafatas también se mueren, pense. 42A sigue hablando como si nada hubiese ocurrido. 42C hace rato que esta en Buenos Aires o en Barcelona. Pero no aquí. 39A se toma un “Bodega roja”, lo deja sobre la mesita y en simultaneo le mete a 39C la lengua en la boca y la mano derecha bajo la camisa.
¿Por qué no hay butacas B ni I? La azafata no puede evacuar mi duda. 41E es tenista y le relata a 41F la volea con la que ganará el torneo que va a jugar. 35A, 42F y 48D no paran de recorrer las calles laterales del boulevard y en cada vuelta me miran y se sonrien.
La noche gano su espacio en el espacio. Cientos de ojos se prenden, adentro y afuera, con una cadencia que el azar determina. Cientos de ojos se cierran y se entregan a la oscuridad. Los míos también. Cuando los abra, empezará mi futuro.

19/9/06