- Descríbala
- ¿Cómo?
- Sí, cómo es, descríbala
- ¿Leyó Rayuela?
- Sí, pero hace mucho, qué tiene que ver
- Bueno, es la Maga
- ¿Puede ser un poco más específico?
- Tratare. Es hermosa, inocente, ingenua, dulce y todo la sorprende
- No es muy claro
- Es indescriptible, solo se siente y muy bien
- ¿Por qué esta con ella?
- Porque no puedo estar sin ella, pero no estoy con ella, no puedo
- ¿Por qué no puede?
- Me voy de viaje en 20 días y no vuelvo
- No se vaya
- No puedo, me tengo que ir
- Siempre tan estructurado usted
- No es eso, hay otras cosas en juego
- Ok, pero usted sabe que el tren pasa una sola vez, amigo
- Si, lo se, y eso es lo que me pone triste, quiero pensar que pasará otra vez
- Si le hace bien hágalo. Se esfuerza un poco y me dice algo más sobre ella
- Describirla de otra manera sería cursi
- Con usted es imposible, así no se puede. Nunca la voy a conocer
- Mejor, yo desearía no haberlo hecho nunca
lunes, 16 de febrero de 2009
lunes, 12 de enero de 2009
Historias de Condal City (I)
En Condal City el viento es capaz de todo. He visto en una esquina como levantaba a un pequeño perro unos veinte centímetros del suelo y a su dueño tirar de la correa para que no se lo llevara calle abajo.
Las hojas se enloquecen y pierden el sentido de orientación y giran y giran en torno a un centro que ellas imaginan como propio sin darse cuenta que es el viento quien decide su viaje.
Algunas más audaces intentan romper con la tiranía del viento y se amuchan en la base de algún árbol, vacío ya de hojas, añorando quizás esos tiempos de resplandor.
Otras intentan refugiarse en los últimos escalones del metro y disfrutan del calor que emana de las entrañas de la tierra.
En Condal City el viento no sopla, ruge como un tigre. Se agazapa detrás de la puerta y ataca por la espalda volando sombreros y transformando en chinos a los señores de bigotes.
Los días de viento en Condal City, a las señoras se les afloja el peinado que, con tanto amor y paciencia, modelaron durante horas frente al espejo del baño mientras escuchan a la Montse dar los datos del tiempo por la TV y a la Flores entonar sus cancionetas por la radio.
Quizás sea por esto mismo que no escucharon que hoy habrá un viento que te cagas.
Las hojas se enloquecen y pierden el sentido de orientación y giran y giran en torno a un centro que ellas imaginan como propio sin darse cuenta que es el viento quien decide su viaje.
Algunas más audaces intentan romper con la tiranía del viento y se amuchan en la base de algún árbol, vacío ya de hojas, añorando quizás esos tiempos de resplandor.
Otras intentan refugiarse en los últimos escalones del metro y disfrutan del calor que emana de las entrañas de la tierra.
En Condal City el viento no sopla, ruge como un tigre. Se agazapa detrás de la puerta y ataca por la espalda volando sombreros y transformando en chinos a los señores de bigotes.
Los días de viento en Condal City, a las señoras se les afloja el peinado que, con tanto amor y paciencia, modelaron durante horas frente al espejo del baño mientras escuchan a la Montse dar los datos del tiempo por la TV y a la Flores entonar sus cancionetas por la radio.
Quizás sea por esto mismo que no escucharon que hoy habrá un viento que te cagas.
viernes, 4 de enero de 2008
Neblina
Descubrí lo que hace tiempo intuía. Estoy solo.
Lo que más amo se diluye en una neblina que avanza hacia mí. Es densa, no me deja ver y me duele en los ojos. El frío, en el cuerpo.
Estiro los brazos y no alcanzo nada. No toco a nadie. Grito pero las palabras se apagan en mi boca. Me arrodillo para estar más cerca del suelo (alguien me dijo que cuanto más abajo menos duelen los golpes. Me mintió) y tanteando el piso avanzo buscándola.
No hay nada ni nadie.
Toco un brazo. Me agarra la mano. ¿Mi vida? grito. Escucho un sí suave en fade out como el final de una canción. Carajo no ves que no veo, no me sueltes. Tarde.
Escucho risas y no se están riendo de mí. Se están divirtiendo. Es una fiesta. Me parece oír su voz. Quiero ir, pero el sonido rebota en la niebla y me desorienta y se pierde.
A lo lejos su silueta oscura me llama con el brazo en alto. Me arrastro hacia ella. Otras siluetas la corren a medida que me acerco. No parece importarle.
Suena el celular. Mierda, un mensaje de texto. Siento más frío. Acerco el celular a mis ojos para poder ver. “t amo. bso”, sí ya sé. Pero ¿por qué te fuiste? No puedo contestar, no veo las teclas. Tampoco quiero verlas.
La neblina me hace arder los ojos. No quiero cerrarlos, tengo que mantenerlos abiertos, tengo que ver. Cerrar es perder.
Con las yemas toco unos dedos que reconozco. ¿Es ella? No la alcanzo. Siento tensión en esos dedos que hacen fuerza por alcanzar mi mano. Un liquido viscoso hace difícil que nos agarremos. Nos resbalamos. Nos separamos otra vez.
Escucho un ladrido a lo lejos. Mi perra, pienso. Pero ella no ladra. Mi perra no ladra y mi gato no maúlla. No pueden ayudarme.
Las llagas de mis manos comenzaron a sangrar. Mis rodillas lo hacen desde hace rato.
Rozo una pierna. No la conozco. No se mueve. La piel esta tibia. Me acuesto a su lado, ahora necesito de su calor. Cuando me recupere la seguiré buscando.
Solo.
Solo espero que no este muerta.
Lo que más amo se diluye en una neblina que avanza hacia mí. Es densa, no me deja ver y me duele en los ojos. El frío, en el cuerpo.
Estiro los brazos y no alcanzo nada. No toco a nadie. Grito pero las palabras se apagan en mi boca. Me arrodillo para estar más cerca del suelo (alguien me dijo que cuanto más abajo menos duelen los golpes. Me mintió) y tanteando el piso avanzo buscándola.
No hay nada ni nadie.
Toco un brazo. Me agarra la mano. ¿Mi vida? grito. Escucho un sí suave en fade out como el final de una canción. Carajo no ves que no veo, no me sueltes. Tarde.
Escucho risas y no se están riendo de mí. Se están divirtiendo. Es una fiesta. Me parece oír su voz. Quiero ir, pero el sonido rebota en la niebla y me desorienta y se pierde.
A lo lejos su silueta oscura me llama con el brazo en alto. Me arrastro hacia ella. Otras siluetas la corren a medida que me acerco. No parece importarle.
Suena el celular. Mierda, un mensaje de texto. Siento más frío. Acerco el celular a mis ojos para poder ver. “t amo. bso”, sí ya sé. Pero ¿por qué te fuiste? No puedo contestar, no veo las teclas. Tampoco quiero verlas.
La neblina me hace arder los ojos. No quiero cerrarlos, tengo que mantenerlos abiertos, tengo que ver. Cerrar es perder.
Con las yemas toco unos dedos que reconozco. ¿Es ella? No la alcanzo. Siento tensión en esos dedos que hacen fuerza por alcanzar mi mano. Un liquido viscoso hace difícil que nos agarremos. Nos resbalamos. Nos separamos otra vez.
Escucho un ladrido a lo lejos. Mi perra, pienso. Pero ella no ladra. Mi perra no ladra y mi gato no maúlla. No pueden ayudarme.
Las llagas de mis manos comenzaron a sangrar. Mis rodillas lo hacen desde hace rato.
Rozo una pierna. No la conozco. No se mueve. La piel esta tibia. Me acuesto a su lado, ahora necesito de su calor. Cuando me recupere la seguiré buscando.
Solo.
Solo espero que no este muerta.
miércoles, 12 de diciembre de 2007
Sin titulo
La tormenta entra en mi
Solo tus ojos pueden salvarme,
solo tus ojos pueden undirme.
Tus manos me rescatan.
Solo tu boca puede chuparme,
solo tu boca puede escupirme.
Solo tus ojos pueden salvarme,
solo tus ojos pueden undirme.
Tus manos me rescatan.
Solo tu boca puede chuparme,
solo tu boca puede escupirme.
Poesia simple - Composicion primera
Solb La Reb MiReb
Solb La Reb SibReb
Solb La Reb LaSolb
Mi Sol Dob LaDob
Mi Sol Dob MiDob
Solb La Reb MiReb
Solb La Reb SibReb
Solb La Reb MiReb
Solb La Reb LaSolb
Re Re Re ReLa
Solb Solb Solb SolbLa
Mi Mi Mi SolSolb
Solb La Reb MiReb
Solb.
Solb La Reb SibReb
Solb La Reb LaSolb
Mi Sol Dob LaDob
Mi Sol Dob MiDob
Solb La Reb MiReb
Solb La Reb SibReb
Solb La Reb MiReb
Solb La Reb LaSolb
Re Re Re ReLa
Solb Solb Solb SolbLa
Mi Mi Mi SolSolb
Solb La Reb MiReb
Solb.
4 de 4
crik-crik-crik-crik. Los grillos cortan el silencio de la noche.
plap-plap-plap-plap. Pequeñas gotas de agua se arrojan al vacío desde la terraza.
A ciertas horas me pregunto si aún estás ahi
Nunca obtengo la respuesta.
plap-plap-plap-plap. Pequeñas gotas de agua se arrojan al vacío desde la terraza.
A ciertas horas me pregunto si aún estás ahi
Nunca obtengo la respuesta.
Plan B
Las cosas nunca suceden como se planean o piensan. Entonces la pregunta es para qué planear o pensar las cosas. Reunión. Pienso, me van a presentar a X y le voy a decir plan-plin-plam. Reunión. Sucede que no me presentan a X y no le puedo decir plan-plin-plam porque no me animo a acercarme solo. Siempre es igual. Nunca sucede como lo planifico y nunca tengo pensado un plan b, porque confío ciegamente en el plan a.
Ahora mismo, estoy esperando a Y para decirle pum-pum-pin y cuando llegue y me mire y me diga simplemente hola y sienta la fría distancia que creció entre nosotros, no podré decir nada y no tengo plan b. O si, mi plan b es quedarme callado y hacer como si no ocurriera nada, seguir pensando que nos queremos como el primer día y esperar que el aburrimiento nos absorba y la lejanía, espiritual por el momento, se transforme lenta e imperceptiblemente, en vacío físico. Y luego en adiós.
Plan b. Le digo pum-pum-pin y me responde pin-pin-pan. Entonces nos evitamos el dolor de vivir ese momento de transmutación y aceptamos el final o me dice paf-paf-pun y volvemos a apostar a aquel recuerdo del primer beso en el sofá o al primer roce de dedos en la mesa del bar.
Escucho el ruido que sus tacos hacen al golpear los baldosones de la vereda. Ahí viene con su sonrisa. Llega. Hola, ¿cómo estas?
Ahora mismo, estoy esperando a Y para decirle pum-pum-pin y cuando llegue y me mire y me diga simplemente hola y sienta la fría distancia que creció entre nosotros, no podré decir nada y no tengo plan b. O si, mi plan b es quedarme callado y hacer como si no ocurriera nada, seguir pensando que nos queremos como el primer día y esperar que el aburrimiento nos absorba y la lejanía, espiritual por el momento, se transforme lenta e imperceptiblemente, en vacío físico. Y luego en adiós.
Plan b. Le digo pum-pum-pin y me responde pin-pin-pan. Entonces nos evitamos el dolor de vivir ese momento de transmutación y aceptamos el final o me dice paf-paf-pun y volvemos a apostar a aquel recuerdo del primer beso en el sofá o al primer roce de dedos en la mesa del bar.
Escucho el ruido que sus tacos hacen al golpear los baldosones de la vereda. Ahí viene con su sonrisa. Llega. Hola, ¿cómo estas?
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