Las cosas nunca suceden como se planean o piensan. Entonces la pregunta es para qué planear o pensar las cosas. Reunión. Pienso, me van a presentar a X y le voy a decir plan-plin-plam. Reunión. Sucede que no me presentan a X y no le puedo decir plan-plin-plam porque no me animo a acercarme solo. Siempre es igual. Nunca sucede como lo planifico y nunca tengo pensado un plan b, porque confío ciegamente en el plan a.
Ahora mismo, estoy esperando a Y para decirle pum-pum-pin y cuando llegue y me mire y me diga simplemente hola y sienta la fría distancia que creció entre nosotros, no podré decir nada y no tengo plan b. O si, mi plan b es quedarme callado y hacer como si no ocurriera nada, seguir pensando que nos queremos como el primer día y esperar que el aburrimiento nos absorba y la lejanía, espiritual por el momento, se transforme lenta e imperceptiblemente, en vacío físico. Y luego en adiós.
Plan b. Le digo pum-pum-pin y me responde pin-pin-pan. Entonces nos evitamos el dolor de vivir ese momento de transmutación y aceptamos el final o me dice paf-paf-pun y volvemos a apostar a aquel recuerdo del primer beso en el sofá o al primer roce de dedos en la mesa del bar.
Escucho el ruido que sus tacos hacen al golpear los baldosones de la vereda. Ahí viene con su sonrisa. Llega. Hola, ¿cómo estas?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
El viaje por tu pensamiento es intenso.
beso
musa
Publicar un comentario