domingo, 8 de abril de 2007

Un yoruba en BCN

Cerrar los ojos y abrirlos. Eso fue todo lo que hice y el espaciotiempo era otro. El cuboluz que yo había fabricado con los restos de papelhoja ya no colgaba del techo de la pieza donde dormía, que por cierto era otro techo. Otra pieza. En su lugar una semiesferamimbre albergaba una pequeña bolita incandescente. Estaba acostado boca arriba como cuando había cerrado los ojos. Estaba en mi cama, o eso creía. Estire los brazos y no hubo colchón que los recibiera. En ese momento me di cuenta que mis pies también estaban en voladizo. Con miedo incline la cabeza un poco hacia arriba y escudriñe la habitación. No la reconocía. Apenas media dos por tres metros de largo. Mi nueva cama era un pequeño catre, que se quejo cuando me moví, con un fino colchón de gomaespuma apelmasado que apenas separaba mis huesos del entramado esqueleto metálico del elástico. Me pare agitado, como cuando pasamos cerca de un perro que nos ladra con todas sus ganas mientras su amodueño nos dice “no hace nada, es buenito“, y mire detenidamente mi nuevo espaciotiempo. Dos por tres, pensé. Un mueble de estilo que hacia las veces de armario y un caracolpapel era todo el mobiliario de la habitación. La única puerta de salidaentrada estaba cerrada y no me animaba a abrirla. Respire profundo y me levante, conte hasta tres y volvi a respirar, estire los brazos, torcí la cabeza para un lado, para el otro, tome coraje y lo hice. Muy despacio y suave fui girando el picaporte de bronce y muy lentamente fui despegando la hojamadera del marco. Por la pequeña linealuz que se había generado por dicho acto pude ver el volumen contiguo. Parecía una salacomedor. Mesa, sillas, sillón. No había rastros humanos. Con cautela abrí toda la puerta y deslice mi carnecuerpo dentro de ese nuevo lugar. Todo estaba muy pulcro y ordenado, desde los objetomuebles hasta los objetodecorativos. En las paredes colgaban papeletras en un idioma que no podía entender. No había vidrioventanas y sin embargo la luz era total. La única abertura, además de la puerta por la que había salido, era un rectángulo negro en la paredesquina opuesta a la por la que había entrado. Me acerque y la oscuridad era absoluta. Con más nervios que calma, metí el brazo derecho para comprobar con el tactomano que no haya nada peligroso. Cada minutoespacio que pasaba me encontraba más internado en la oscuridad negra del volumen. De pronto fue sólo oscuridad. Me toque con la punta de las yemadedos los ojosagua para verificar que los tenía abiertos. Una vez terminada la verificación, se encendió hacia el frente, o lo que creía era el frente, una pequeña luminiscencia a una altura del horizontepiso bastante cómoda. Me acerque con cuidado, tanteando con las manos hacia adelante. Más cerca pude ver que la luz provenía del hueco de una cerradurallave de otra hojamadera que separaba ese espacio de otro. Me agache para espiar por el ojocerradura y vi muchas caderacuerpos y biciruedas y chapautos que se desplazaban de un borde al otro. Busque con el tactomano algo que me permita pasar a través del marco y ver con menos detalle el otro lado. Se abrió de golpe con un sólo empujón de mis dedos. Ya del otro lado pude ver miles de humanosgente muy extraños. Hablaban un idioma raro, desconocido, todos juntos, gritando y supraponiendose. Un grupo de pequeños seres amarillos, con sus mini cámaras, miraban y dirigían su lentecristal hacia el mismo lugar, todos en forma simultanea, y tomaban espaciofotos de cada cosa que los rodeaba. Por el extremo opuesto de la calle, otro grupo, pero de seres blancoleche, venían a toda marcha hacia el mismo lugar donde se encontraban los amarillos. Parecía que los iban a desalojar por la fuerza, pero un nanosegundo antes los amarillos se fueron hacia otro sector del espaciocalle. Entonces fueron los blencoleche los que se pusieron a tomar espaciofotos de todo. Intrigado me acerque a ese espaciolugar sagrado y vi con estupefacción una construcción que se asemejaba a la imagenpapel de una catedral que tenía clavada en la pared de mi viejo dormicuarto. La parte inferior era antigua, con mucha voluta, muy cargada de representaciones humanas y de la naturaleza. La parte media eran grandes bloques de griscemento liso, con mucho ángulo puntiagudo. La parte superior era un entramado de hierros y cables y poleas y negroperarios colgados tratando de armar un rompenaturaleza con bolas naranjas, verdes y azules. Esa imagen parecía un holograma como los que estaba acostumbrado a ver en las clases de historiagrafía de la bibliomapas. Rodeada de edifioscristal, se reflejaba en ellos creando una ilusión de laberintóptico que desconcertaba tanto a los amarillos como a los blancoleche como a mi. Atosigado de tanta imagen hologramática busque en mi bolsillo de la telapierna algo que me pudiese ayudar a comprender. Encontré solo una papelnota: Cierre los ojos, ábralos y todo cambiará. Antídoto: tome la grageapasta roja. Decía. Pero la grageapasta no estaba en ningún lugar de mi carnecuerpo. Entre tanta desesperación comprendí y acepte que este sería mi nuevo mundovida. Entre en el volumencanje de la esquina y cambie mi agujamuñeca por una mini cámara. Yo también quería mi espaciofoto de la catedral.

21/9/06

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