domingo, 8 de abril de 2007

Vuelo 323

Veinticuatro horas. Veinticuatro horas separan el pasado del futuro. Veinticuatro horas sin lugar ni tiempo. Veinticuatro horas a treinta mil metros en algún lugar del cielo. Cierro los ojos y veo las caras de las voces que se mezclan y confunden cerca y lejos de mi. Cierro los ojos y veo los tacos de las azafatas que van para acá y vienen para allá. Son tan españolas que no puedo olvidar hacia donde voy. El pelo tirante, atado con un lazo de seda roja, borra el paso del tiempo, elimina arrugas. Los ojos levemente razgados y los pómulos superiores un poco hinchados. Siempre con su sonrisa de yeso moldeado en la cara.
40D. Boulevard central, pasillo. Buena ubicación, sin niños molestos. 37F se acaba de dar la cabeza con un monitor que cuelga sobre su butaca y nunca proyectará nada. 42A no para de hablarle a 42C que ya no lo soporta y recién comienza la transportación. Y yo tampoco. 40G tiene un cagazo padre. Y yo también. Por las calles laterales las azafatas transportan el café en bandejas diminutas de plástico rojo. Todo es rojo y amarillo en este volumen. Pozo de aire. Turbulencia. Mi cagazo aumenta y el de 40G también. La azafata sigue con la sonrisa estampada pero una gota de transpiración que le baja acariciando su mejilla le delata el miedo. Las azafatas también se mueren, pense. 42A sigue hablando como si nada hubiese ocurrido. 42C hace rato que esta en Buenos Aires o en Barcelona. Pero no aquí. 39A se toma un “Bodega roja”, lo deja sobre la mesita y en simultaneo le mete a 39C la lengua en la boca y la mano derecha bajo la camisa.
¿Por qué no hay butacas B ni I? La azafata no puede evacuar mi duda. 41E es tenista y le relata a 41F la volea con la que ganará el torneo que va a jugar. 35A, 42F y 48D no paran de recorrer las calles laterales del boulevard y en cada vuelta me miran y se sonrien.
La noche gano su espacio en el espacio. Cientos de ojos se prenden, adentro y afuera, con una cadencia que el azar determina. Cientos de ojos se cierran y se entregan a la oscuridad. Los míos también. Cuando los abra, empezará mi futuro.

19/9/06

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